
Brevis aetas, vita fugax
("El tiempo es corto, la vida fugaz").
Desde ese manso refugio
donde un día tus neuronas
en un alarde de sublime arrogancia,
optaron
por detener el tiempo.
Desde tu atalaya de viento
donde absorta contemplas
el teatro de las horas
en tu opaca mirada lacrimosa
blindada,
a las necedades del hombre.
A ese hombre que te habla
como quien llora,
Que te observa con la indolencia
de quien se sabe supremo.
Que te sonríe
con la complacencia de un cireneo
portando dúctiles cruces.
Desde ese presente
al cual no perteneces,
desde ese pasado que sustenta tu universo
impregnado
de azahares y aromas que sólo tu recuerdas.
Desnuda y grotesca ante ti me siento.
Cuando fijas tu mirada vacua y sepia en mis sienes
y entre décadas
como espadas
casi puedo intuir tus pensamientos.
Pues tú y yo sabemos
que desde tu atalaya de viento
te ríes por dentro
de mi obtuso presente imperfecto.