El girasol me habita inocente criatura ,cuya cara de pétalos sigue sin saber un sol oscuro, mancha gangrenada en el cielo. Françoise Roy.
Revelando recuerdos.

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jueves, 19 de abril de 2012
Opaca
Yo sé, que tras estos cráteres
con precisión matemática
se halla la ecuación de la existencia.
La veo desde un papel de burbujas
que revientan con sus filtraciones
las luciérnagas.
Intuyo los profusos y timbrados
besos de los amantes,
y mis ojos se quiebran en el fuego.
Mis tiempos, piden sus panes
y se niegan
a aceptar este desaire en mis olvidados labios.
Las voces de las madres arrullando a sus hijos
horadan mis entretelas
a tal punto, que muero en las aceras
pisoteada como una hormiga
con las cáscaras de mis delirios a cuestas.
Las manos entrelazadas se hacen
nudos en mi garganta,
y los abrazos...
cordeles suicidas de mis carencias.
Mi estúpida manía de no ver más allá
mi estúpida manía, de no ver más acá.
Vivo, en el año primero
después de Sara,
en una gélida incubadora de calaveras
inoculando en vena el silencio.
Voy salpicando con mi desencanto
el vestido de primavera de la gran madre naturaleza
y tiro de él , para que me acoja en su regazo
perfumando con su sándalo los augurios.
Tengo miedo a toparme de bruces
conmigo misma
a la vuelta de cualquier esquina,
y construyo mi mundo a la medida
de una guerrilla sin cuartel.
La cara pintada con la tinta cósmica
de un pusilánime karma.
Y oculta, en mis amoratados pulmones,
una granada de mano a punto de reventar
cuando pase la vida
y quiera, alistarme en sus filas
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