Revelando recuerdos.

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sábado, 31 de octubre de 2009

Poesía amante posesiva.



En ocasiones sucede.
Que esas piernas enraizadas a la madre tierra
que antaño eran robles,
hoy son endebles matas de hiedra
por donde trepa el mas vil de los desalientos.

Esas manos
que férreas asían ocasos pendencieros
sólo con alzarlas en sombras chinescas
hoy son agarrotados puños
que se abren
y cierran chirriando con torpeza.

En ocasiones sucede,
que te has olvidado el cuerpo
en las taquillas de estaciones de olvidos.

Y entonces.
En ese punto de cordura,
Cuando el amor sólo se siente en el sopor del ensueño
cuando las alboradas engullen tu maltrecho dorso,
cuando la estrofa comulga en tus labios.
Entonces.
Juras por esos dioses en los que no crees
que jamás volverás a los brazos de la pérfida amante
que te está carcomiendo la vísceras.
Esa Julieta que obtura tus venas revestida de metáfora
vendiendo tus amores a la luna ,
legando tu encorvado dorso al diablo
cosiendo tus labios a la palabra,
y devorándote cual mantis religiosa.

Y juras ,
por todos esos santos sin cetro en los que crees.
Que nunca más relegaras tu condición de poeta
por la de simple hombre
ni olvidarás el binomio cuerpo-mente
en pos del verbo.

Hasta que empuñas el teclado
con la saña de quien con un fusil
decide acallar al monstruo que lleva dentro,
con la certera convicción de que jamás
saldrá de su vida la sed de vocablos.

La poesía preñó de raíces su sangre
Y se engendra otro poema en la placenta
del tullido cuerpo.

viernes, 30 de octubre de 2009



Urbem venalem et mature perituram, si emptorem inverit
("Ciudad venal, y que perecería prontamente si encontrara comprador").



Sonríe el pecado con la saña de un destripador.

Sonrié el pecado.

A sabiendas de nuestros pavores,

olisqueando nuestros recelos.

El pecado sonríe ,escupiéndonos sus babas,

! Impávidos necios!

exhortados en unciones benditas

vomitando sobre vuestros talantes regios.





En las filantrópicas utopías me llamabas.





Pronunciáis mi nombre en alaridos.

!Pecado!

Aquí me hallo ,para deleite del sacrílego

o soy dulce ponzoña que lame los sentidos,

del hombre tatuado de cruces en su ego.

Sonríe el pecado.

y su carcajada rechina en los capiteles

desnudándose en la fastuosidad de los oropeles

!Impávidos necios!

A mi habéis de tornar

cuando en vuestra frente se fragmenten gotas ascetas,

y suden los vientos de las tentaciones

devorando el susurro de falsos profetas.





Sonríe el pecado.

Nutrido de linfa yerta tras las rejas

del hombre que con alza cuellos

se erige en juez y parte en su estrado.

Escudriñando en las negras sotanas confiado.


Sonrío, y os muestro petulante los placeres,

tras esas rejas las exhortaciones.

¡De la conciencia ? son ablaciones

cavando fosas henchidos de jadeos,

acarrean cenagosas aguas vuestros enseres.

-Mientras-
Sonrie el pecado.

Critica a "no saber "de Jorge Alemán.







Crítica de NO SABER de Jorge Alemán, por Ignacio Castro ReyTierra restante



Huellas aturdidas que continúan el juego de los nombres. En cada hombre una máscara, el esquema de un signo mudo. En las situaciones anónimas un rostro, una personalidad que nos interroga. ¿Es esta la doble obligación del ethos poético? Mientras tanto, diré como un elogio que apenas entrevemos en este libro ecos de la teoría que se le supone al autor. No se trata tampoco de un poemario hecho a partir de buenas lecturas o de un saber de la poesía. Más bien estamos ante el verbo que brota de la materia bruta de vivir, de la zozobra ante aquello para lo cual nunca estaremos preparados.


El miedo de todas las orillas es acaso el tema de este libro, ese gemido esclavo que, a pesar de cualquier seguridad, se pasea en nuestra boca. Viajar, vivir, saber, saborear el amor a tres bandas (p. 43). Para finalmente seguir teniendo miedo de la quietud del agua. Tras viejas caídas de un antaño que siempre vuelve, quedan tres recuerdos solamente. Lo demás, pequeños aconteceres (p. 25). ¿Es entonces poco con lo que se ha de vivir? No necesariamente, pues un segundo de inocencia basta para salvar un hombre. La poesía preserva ese punto fijo que no tiene lugar, aunque aletee en todos los sitios.


¿Cuál es la continuidad personal de Jorge Alemán, esa "vivencia típica y propia" de la que Nietzsche decía que retorna siempre en todo hombre de carácter? Podemos leer en No saber una confesión, una lista de culpas, el registro de un tiempo no visible. Como si los días del hombre público destilasen un estrato inasumible, otro centro de gravedad. Hasta para el lacaniano, la verdad surge de una crisis imprevisible del saber.


Y siempre el tormento, claro. No sólo no impide que esa materia prima de las vivencias se exprese sino que, al contrario, impone que su sustancia sea el ser expresada. Es la expresión que surge por fuera, a contrapelo de toda la formación. Como si en ciertos seres humanos la deformación, la fidelidad a una vida que nunca tendrá nombre, pudiera más que la mejor de las formaciones.


Así pues, no se trata en este libro de reunir cabos sueltos, esquirlas, la ganga de una vida que discurre firmemente por otros derroteros. Ni siquiera la senda inmanente del concepto es quién para dejar atrás las vivencias, como si fuera un resto. Esta existencia sobrante es más bien la patria del hombre, la región donde ha nacido y donde morirá, en la orilla de todas las elucubraciones. Después de la muerte no hay nada, como se suele decir, porque no hay tal después. La muerte es una cosa que ocurre "antes", que es anterior, que está dentro. Digamos que la poesía es la disciplina de ese descubrimiento.




Grabado en mi memoria
ese olor a Edén
Con rojas manzanas..mejillas púrpura
desraizadas de ese pueril vergel
que jamás mordimos.
¿ Como saber si su reseña era ponzoña
o frutos encarnados que transportaban a la gloría?
Nunca lo supimos,
pues la rancia esencia del claustro humedecido
nos impidió caer tras la tentadora
serpiente de esos querubes revestidos de oropeles.

Más tarde.
Cuando el Edén nos fue concedido sin previo aviso
y un cierto olor a podrido
emanaba del jardín de las delicias destronadas.

Entonces , sólo entonces
supimos del sabor del desencanto
en el rancio acerbo de frutos jugosos
Larvando gusanos.

Y caímos en la tentación.

El tiempo había corrido en nuestra contra
y mordiendo la manzana
engullimos con ella el gusano
que horadando nuestra garganta
jamás nos dejo expresar
ese anhelo de fantasear al fondo del Edén.

En la honda placidez de divisar los frutos
sin saborear su preciado néctar.
En el cortejo de la contemplación
sin rendirles tributo.

Ya era demasiado tarde.
Y subsistíamos en tronos sin paraíso
bordeando los fogones del Edén
y esperando querubes revestidos de estaño.

jueves, 29 de octubre de 2009

Espasmos de soledad.





Y mientras.
Con su plomizo manto de indolencia,
agonizante el sol en desbandada
exhalaba su último suspiro
matizado en el áurea que magenta
va incitando las sórdidas partidas.

Mientras.
Los recatados árboles peinaban
sus hojas para el festín del ocaso
cuando danzando ánimas de ausencia
festejan las alondras la llegada
del abúlico otoño
en ancestrales brazos ventisqueros.

Y mientras.
Las horas acompasaban los pasos
de aquellos que hacendosos ascendían
las cúspides del éxito sangrante
en las venas tullidas.

Mientras.
Gira la vida ,famélica ,abrupta
yo divago entre mi sombra ondulante
y el rugido de los espasmos que oníricos
ahuyentan mi soledad.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Mi abdicación.





Sigo deshilando el tul inmaculado
de albores clementes desde mi cama.

Dilatando el último hilo aferrado
al fatuo y acompasado paso
del rocío en mis húmedas sábanas de olvido.

Sigo comulgando en el cáliz vitalicio
de los minutos revestidos de silencios
anunciando el preludio de otro ocaso.
Adorando tabernáculos dúctiles
en sanguinarias paredes obstinadas
en desafiar mi templanza
con su alargada sombra.

Sigo exhalando el aire putrefacto
en la oculta cara de la mórbida luna
que me cobija.
Venerando dioses de barro entre vidrios
donde mora el misterio de semblantes
encubiertos tras la bambalina.

En todo este tiempo,
de hostiles y vacuos desafíos labrados
en las orillas desidiosas de mares reinventados.

Ese tiempo.
Acontecido entre estíos huérfanos de silencios
y la umbría de otoños preñados de hojas en blanco.

Inmole mis huestes de instantes
en las benévolas manos del sometimiento.
Abdicando en la contienda con la vida
fluí en el cauce del designio
bebiendo las primeras aguas del arroyo.

En la libertina desidia
de quien pierde siempre las partidas.

Reniegos.







Desde que pernocta a la intemperie

la clemencía del escrúspulo

y los corazones se nutren de egos en tabernáculos

donde yace el último vestigio

de caridad que rezagado quedó,

vertido en el asfalto.



Desde que engulle el trasiego del alma

las migajas del aliento desidioso

en el raciocinio del instinto.

Desde entonces...



Los ombligos germinan petulancias

y el sosiego es quebrantado por las voces

clamando en el desierto su retazo de firmamento.



Desde que asistí al sangunario ceremonial

del hombre danzando sobre sus raíces

en mórbidos compases de arrogancía

abofeteando espaldas erguidas.



Desde que a la intemperie

pernoctó el beso de la felonía

en brazos de la última misericordia de Cristo.

Desde aquel ocaso de labios sin comisuras

y sombríos letargos en las conciencias anochecidas.

Desde entonces...



Renegué de mi humana condición

y gateo a horcajadas

aullando a lunas sin dueños

y arropando soles sin destellos.

Transmutación.


No me preguntes
cuándo, ni cómo mutaron
mis inconclusos deseos, bañados
en ortigas de plástico,
sustentados en efímeras brasas
de mudas volutas de humo.

No me preguntes
cuándo, ni cómo mutaron
en la perfidia del tiempo.Reseco.
Las estrías de los te quiero deseados
en suspiros aletargados, ascuas
del último beso.

Mutaron entre la umbría de las horas,
vacuos deseos mordaces
con sabor a despedida.
En el cuerpo, los espasmos ateridos
galopando entre el gélido latido
del instante,
y el sórdido morbo
chorreando el verbo que sólo se disfruta una vez
y se escupe por los siglos de los siglos.

Tengo sed de amor en el alma.
En mi vientre,
huestes demoníacas
de sigilos y gangrenas al abrigo del crepúsculo.
Y en mi corazón,
el incontrolable anhelo
de ser, a partes iguales,
esclava de Eros y pérfida Afrodita en la gruta del deseo.

Tú nunca lo sabrás.


Los hijos son las anclas que atan a la vida a las madres.

Sófocles.





Tú nunca llegarás a saber
que soy de fuego y viento.
Y que un día de mayo
cuando la tarde moría
abrí mis entrañas a la primavera
y me veneró
el llanto del sauce
en la cúspide donde anidan los más fieros desgarros.


Melodías celestiales
rechinaron en mis dientes entumecidos
en el desamparo de vientres desgarrados.
Y el mismo Dios despertó de su letargo
embriagando mi cordón umbilical
con su milenaria legaña.

Los ángeles caídos
se rindieron a mis pies
ante la supremacía del instante,
ese instante conciso y singular en la levedad del tiempo
donde fui.
Sólo madre y madre sola.


Tú nunca llegarás a saber
que cual guardián de Israel
no duerme ni reposa mi alma.
Ni cuando el ocaso peina mi embozo
en un suspiro de sombría incertidumbre.
Ni al ungir la aurora sus brazos en mi pecho
arrullando la cumbre de mis pezones
con su mágica estela.

Y socavan latidos placentarios
los puntos cardinales en la geografía de mis días
y las coordenadas de mis noches.


Y desde ese día,
cuando la tarde moría.
El Cosmos se alió en mis constelaciones
atando mis presentimientos al infinito.

Y fui...
oasis abierto al crepúsculo.
amparo del exiliado en tiempos belicosos,
cobijo en tardes lluviosas
y sonata de fieras decepciones.

Tú nunca lo llegarás a saber
pero sí puedes llegar a entenderlo.

Tú nunca lo sabrás.



Tú nunca llegarás a saberlo.

Tú nunca llegarás a saber que soy de fuego y viento.

Y que un día de mayo ,
cuando la tarde caía, abrí mis entrañas a la primavera
y me veneró el llanto del sauce en la cúspide donde anidan los mas fieros desgarros.

Melodías celestiales
rechinaron en mis dientes entumecidos
en desamparo del vientre desgarrado.

Y el mismo Dios despertó de su letargo embriagando mi cordón umbilical con su milenaria legaña.

Los ángeles caídos ,
se rindieron a mis pies ante la supremacía del instante,

ese instante conciso y singular en la levedad del tiempo;

donde fui...

Sólo madre y ...madre sola.

Tú nunca llegarás a saber que cual guardián de Israel

no duerme ni reposa mi alma,

ni cuando el ocaso peina mi embozo en un suspiro de sombría incertidumbre,

ni al ungir la aurora sus brazos en mi pecho

arrullando la cumbre de mis pezones con su mágica estela.

Y socavan latidos placentarios los puntos cardinales de la geografía de mis días y las coordenadas de mis noches.

Y desde ese día.
cuando la tarde moría.

El cosmos se alió en mis constelaciones atando mis presentimientos al infinito.

Y fui oasis abierto al ocaso.

reposo del exiliado en tiempos belicosos
cobijo en tardes lluviosas

y sonata de fieras decepciones.

Tú nunca lo llegarás a saber

Pero si puedes entenderlo.

Mi día magullado.


Magullado va el día
por este manto corinto
que bordea laderas sin nombre,
en los pliegues de mis manos.

Se escapa.
Otra nube rasgada en el oprobio,
de voces silenciadas por el sol
camuflado entre bambalinas purulentas.

Mi silueta deslizándose en estíos impávidos,
se escapa.

Como escapa el día
en lacerante desventaja
perdido en el fragor
de mil batallas filantrópicas
en huestes de instantes,
todavía vírgenes
catapultadas al olvido.

Magullado va el día..
en esta vidriera
revestida de metáforas en cajones,
peinada con púas de vientos retóricos.

Otro día más,
sin haber bebido el cáliz inmune del pecado
sin haber pecado inmune en tu boca.

Magullando va el día,
un filo de navaja
reverberando en la astilla del calendario;
posponiendo razones
amordazando corazones.
Volteando el dédalo cíclico
sin escapatoria posible de mi galera.

Veo pasar días erguidos
en la reseca umbría
de cántaros atragantados de comisuras,
y corolas rezumando asqueo.

Magullado va el día
y me olvide
de mecerlo en mi regazo
y ahora pernocta sobre cartones de vacuos crepúsculos.

Soñando asfaltos.


Soñando asfaltos.


A menudo pinto flores
mancilladas en cemento
en mi desvalido intento
de abarrotar de colores
la ciudad y sus hedores.
Y perfumo las farolas
girasoles sin corolas
de lavanda y azahares
que acompañan mis andares
en piruetas y cabriolas.
A menudo pinto besos
desvaídos entrecejos.
De esas fauces sin pellejos
que rezuman los abscesos
de ambiciones y sus pesos.
Mis besos son de corinto
en asfalto variopinto.
Dejo vestigio de aquella,
avenida que preño huella
en latido del instinto.
A menudo pinto trenes
con grafitos renegridos
en baladas sin sonidos.
Obturándome las sienes
invitan a sus andenes.
En estaciones montando
que detienen sólo cuando,
revisores sin mirada
recaudan horas hastiadas
de su manga un as sacando.

A menudo me sostengo
en el borde de un tejado
que al raseo me ha instado.
En cuclillas me mantengo
sin saber si voy o vengo.
Cincelo estíos en tejas
de amapolas en madejas.
Enredadas en mi pelo
de tuberías riachuelo
regando uralitas viejas.

A menudo peino versos
intuyendo los delfines
al compás de los clarines
danzar en la fuente inmersos.
De parques sus universos.
Y vislumbro una sirena
que varada en una antena
susurra a los caminantes
deambulando ignorantes
a mis delirios ajena.

A menudo tengo un sueño
que mi mundo me desmonta
con la saña de su impronta.
Y frunciendo voy el ceño
a ese espacio tan pequeño
de pavimento dormido.
Penetro sin hacer ruido.
Si despierta mi quimera,
quizás sea la primera
que se fugue de este nido.