Revelando recuerdos.

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miércoles, 28 de octubre de 2009

Tú nunca lo sabrás.


Los hijos son las anclas que atan a la vida a las madres.

Sófocles.





Tú nunca llegarás a saber
que soy de fuego y viento.
Y que un día de mayo
cuando la tarde moría
abrí mis entrañas a la primavera
y me veneró
el llanto del sauce
en la cúspide donde anidan los más fieros desgarros.


Melodías celestiales
rechinaron en mis dientes entumecidos
en el desamparo de vientres desgarrados.
Y el mismo Dios despertó de su letargo
embriagando mi cordón umbilical
con su milenaria legaña.

Los ángeles caídos
se rindieron a mis pies
ante la supremacía del instante,
ese instante conciso y singular en la levedad del tiempo
donde fui.
Sólo madre y madre sola.


Tú nunca llegarás a saber
que cual guardián de Israel
no duerme ni reposa mi alma.
Ni cuando el ocaso peina mi embozo
en un suspiro de sombría incertidumbre.
Ni al ungir la aurora sus brazos en mi pecho
arrullando la cumbre de mis pezones
con su mágica estela.

Y socavan latidos placentarios
los puntos cardinales en la geografía de mis días
y las coordenadas de mis noches.


Y desde ese día,
cuando la tarde moría.
El Cosmos se alió en mis constelaciones
atando mis presentimientos al infinito.

Y fui...
oasis abierto al crepúsculo.
amparo del exiliado en tiempos belicosos,
cobijo en tardes lluviosas
y sonata de fieras decepciones.

Tú nunca lo llegarás a saber
pero sí puedes llegar a entenderlo.

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