Revelando recuerdos.

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sábado, 11 de diciembre de 2010


Est humanum errare, divinum ignoscere
("Errar es humano, pero perdonar es divino").

Soliloquio con Dios.

!Dime!
¿Cuándo tu nombre he mancillado?

En el amparo de mi inocencia
disloque las horas en la soberanía
de tu reino. Temiendo.
Y moría cada ocaso
entre esas esquinitas
que ningún ángel velaba. Mientras
sometida a tus dictados yo, rezaba.
Rezaba
tal como amaba.

Y al ponerse el tibio sol
esa estrella prometida
tornaba en manto de olvido,
anegando mis pulmones
entre férreas convicciones
de que en mi maldad
jamás en tu benevolencia
me otorgarías ni un solo
retazo de tu latido.

!Qué te he hecho yo!
Dime...
¿Cuándo yo te he mancillado?

Si no profané tu nombre,
ni vendí mi alma al diablo
cuando las monedas de plata
reverberaban en la vastedad
de tu cielo prometido.

Dime ...
¿Qué te he hecho yo?
Si me otorgaste la semilla
fecundando en el barbecho de la soledad
aquel preciado tesoro
que a las nubes encubiertas
para verte entre ellas
cada día me hacia mirar.

Y mis rodillas fueron testigo
de incólumes plegarias
de cabalgaduras milenarias
y de noches sin abrigo
cuando supurando ya estaban
las yertas cuencas de una madre
cansadas de tanto llorar.
Dime
¿Qué te he hecho yo?
Jamás profané tu nombre
ni vendí mi alma al diablo.
Y mi paso por esta vida
en cada etapa, en cada lazo, en cada abrazo
marcado siempre ha estado
por la honestidad.

Quizás para ti yo, he pecado
clavando mis espinas
en el vacuo cetro de un cadáver insepulto
de omisión.
Caro yo lo he pagado. Pues
desde el arroyo insaciable
de tu omnipotencia
tú me castigas
restregando mi fruto
en ciénagas henchidas de ortigas.

Y como estatua de sal
que no ha de mirar hacia atrás
yo voy viendo marchitarse
y muriendo día a día
aquello que yo más quería.

Nunca profané tu nombre
ni mi alma al diablo vendí
Y he bailado con Lucifer
la tétrica coreografía
de los ángeles que caídos
portan en sus ojos el estandarte
de los vencidos.

Dime
¿Cuándo yo tú nombre he mancillado?

Desde éste sarcófago maldito
araño la cal de mis plegarias.
Aquellas que se llevó el viento
en el sordo eco de mi lamento
cuando tan sólo ansiaba hablarte.

Las esquirlas de tu cólera han sesgado mis entrañas,
el soplo de tu aliento
desnuda mi alma en la desidia de otro intento
de horadar tus montañas
las proféticas; las que tu amor mueve.
Y callando,
en esta mudez que gangrena mi corazón
alzo mi voz a ese averno
que a pesar de ser cruento
se manifiesta en la impía estela de mi relieve
cuando las sombras
dominan mis mansas horas,
reposando en mi costado.

Y sola,desamparada como perro hambriento
en un callejón de sueños guardados
ellas al menos
me nombran.

!Dime qué te he hecho yo!
y cuándo yo te he mancillado!

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