
que no te gustaría ver
como las amapolas de mis uñas
horadan en tu recuerdo
para deshacer el funesto conjuro.
Aquel, de cuando el tiempo
no era el enemigo.
No te gustaría ver
estas febriles vigilias
desfloradas por el loco desmán
de un impío destino
que quizás no fuese para mí.
Ni para ti.
Que las negras flores de tu sepultura
acechan las primaveras
como un bosque de hayas
monopolizando el yermo terreno
de los soles maquillados;
y el claroscuro que asoma entre mis dedos
es impostura alucinatoria
de sombra chinesca que proyecta mi alma
sobre mi cuerpo.
Umbría que anda pidiendo a gritos
un paso adelante
que abra la grieta.