Un poema de David Gonzaléz ,de esos que como digo yo dan una bofetada al leerlo.
alargando la palabra morirse
llegar a esta edad no se lo deseo ni a mi peor enemigo.
apuñalarle de frente o por la espalda.
dispararle, envenenarle, estrangularle
con una cuerda, con un cable o con tus propias
manos.
diferentes maneras de matar a un hombre,
pero si lo que deseas es que ese hombre sufra,
pero que sufra de verdad, que sufra como tú,
entonces déjalo, déjalo
que se muera, que se muera
de viejo.
David González
El girasol me habita inocente criatura ,cuya cara de pétalos sigue sin saber un sol oscuro, mancha gangrenada en el cielo. Françoise Roy.
Revelando recuerdos.
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martes, 19 de octubre de 2010
miércoles, 13 de octubre de 2010

La otra mejilla.
De haber sabido
que al poner la otra mejilla
cuando con uñas y dientes
resguardaba mis principios
me privarían de todo el semblante.
De haberlo sabido…
hubiese dado la espalda.
Para ahora
no padecer el agravio
de uñas desollando carnes
de dientes clavados en las uñas
Y unos finales yaciendo
entre espinos sin caras
y cruces en las espaldas
miércoles, 6 de octubre de 2010
Se está mejor así.
Se está mejor así
acallando las pausas de la conciencia
con la sal derramada en los vacuos oráculos.
Huérfanos de tus abrazos,
nodrizas amamantando de carroña
las horas de desidia somnolienta.
Se está mejor así,
en este sigilo
presagio de tumbas de suspiros
en las que yace nuestro espíritu.
Cuerpos larvando los tentáculos de la monotonía,
que entre bambalinas
auguran otro adiós congelado.
Se está mejor así
sin esperar nada
para no sentir el puñal
del desengaño atravesando gargantas.
Sin hacer nada
para no sentir
que ardemos en la vigilia de la conmiseración.
Se está mejor así…
Callando,titilando
en esta nada
que ciega el túnel de nuestros pasos
en la avaricia del hastío.
En este lodo
que ve como se nos va la vida
esperando.
Se está mejor así
acallando las pausas de la conciencia
con la sal derramada en los vacuos oráculos.
Huérfanos de tus abrazos,
nodrizas amamantando de carroña
las horas de desidia somnolienta.
Se está mejor así,
en este sigilo
presagio de tumbas de suspiros
en las que yace nuestro espíritu.
Cuerpos larvando los tentáculos de la monotonía,
que entre bambalinas
auguran otro adiós congelado.
Se está mejor así
sin esperar nada
para no sentir el puñal
del desengaño atravesando gargantas.
Sin hacer nada
para no sentir
que ardemos en la vigilia de la conmiseración.
Se está mejor así…
Callando,titilando
en esta nada
que ciega el túnel de nuestros pasos
en la avaricia del hastío.
En este lodo
que ve como se nos va la vida
esperando.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Sin remedio.
Un poema de Eladio Orta.
SIN REMEDIO
si nos cortan las patas / ya ves /
andaremos sin patas / qué remedio /
que nos cortan las alas / no podremos volar /
construiremos barriletes / qué remedio /
si nos cortan las manos / ofú /
con los dientes escribiremos / qué remedio /
que nos cortan las orejas / sin sonidos /
el olfato desarrollaremos / qué remedio /
que nos tapan la boca / mala cosa /
del aire comeremos / qué remedio /
del aire moriremos / alondras de los rastrojos /
si nos asfaltan los campos / sin remedio /
(Eladio Orta)
SIN REMEDIO
si nos cortan las patas / ya ves /
andaremos sin patas / qué remedio /
que nos cortan las alas / no podremos volar /
construiremos barriletes / qué remedio /
si nos cortan las manos / ofú /
con los dientes escribiremos / qué remedio /
que nos cortan las orejas / sin sonidos /
el olfato desarrollaremos / qué remedio /
que nos tapan la boca / mala cosa /
del aire comeremos / qué remedio /
del aire moriremos / alondras de los rastrojos /
si nos asfaltan los campos / sin remedio /
(Eladio Orta)
viernes, 17 de septiembre de 2010
lunes, 13 de septiembre de 2010
La sordidez de la muerte.

La sordidez de la muerte ( décimas endecasílabas)
Mors ultima linea rerum est
("La muerte es el límite final de las cosas").
Quiebran en pasadizos las unciones
donde entre el algodón cruje la vida,
en la oquedad enhiesta de la herida
preñando inertes ósculos de sones.
Sigilos mortecinos son sus dones
de azarosos oráculos arcanos,
cuando estalla la vida en vacuas manos.
Donde la providencia es revestida
del albar donde asoma tan erguida
la muerte entre senderos cotidianos.
Prodiga carcajadas entre abrojos
en poderoso yugo de quebranto
desollando las carnes mientras tanto
de quien asiste impávido en sus ojos
al quebrado cortejo entre manojos.
Siniestra corte, feudo donde aloja
los impunes designios ella arroja
alientos a las bordas donde habitan
las libertinas ánimas que invitan
a degustar el pétalo sin hoja.
Meciendo el bisturí en la tarde aciaga
soslayando las fieras voluntades
ungidos entre fatuas vanidades
pendenciera batalla es la que embriaga
al hombre que rendido ya se apaga.
Entre supremacía la guadaña
!ramera! mal parida a nadie engaña.
Tanto siega las flores más ancianas
como tala corolas ya tempranas
donde su enjuta faz lava con saña.
Celebra sus trofeos victoriosa
en las ascuas candentes del sollozo
paseando en las sombras del embozo.
!Dime muerte!..de vida tú eres diosa
¿Por qué dejas al pérfido alevosa
y tornas del benévolo su atuendo
que acicalada en cetros vas asiendo?
¿Por qué llevas a infantes que veneras
y latidos vetustos tú eludieras?
!Mortecino camino que no entiendo!
domingo, 12 de septiembre de 2010
El cielo del apátrida.

"Vengo de un lugar
donde sueño que tengo
un techo en estas tierras de nadie” P.G.
¿Qué sabes tú
de mis peregrinajes sin retorno
a la fogata de mis ojos
donde pernocta una luciérnaga
alumbrando
los resquicios de la última vena que me queda?
En la oquedad amarillenta de mi boca
germina un alud de utopías sesgadas.
Que sólo yo veo,
( sueños obstinados )
que golpeando la aldaba de mis arterias
me conducen a mi paraíso.
Entonces...sólo entonces
los duendes de la noche son mis aliados
y mis princesas,
son muñecas que visto y desvisto
en la penumbra de mi kunda encadenado
a los grilletes de mis capilares.
¿Qué sabes tú
de mis titilantes amaneceres
cuando perforan mis tímpanos
miles de jinetes galopando sin bridas
por mi húmeda espalda?
En ese instante
cuando todo el universo
oscila conmigo
los segundos se hacen noches
y las noches pasan en un segundo.
¿Qué sabes tú.
de este ángel con tridente
y de este demonio con áurea divina?
En mis lóbulos conviven en perfecta armonía
la invocación de Zadkiel y la tea de Lucifer.
El chasquido desdentado
me advierte de otra frígida alborada
de piernas andando sin dueños,
y escuálidos dedos
que no aciertan
a prender las reliquias de mi espanto.
Y ya ves.
dandy maquillado y putrefacto.
Tengo mi propia kunda amortajada
en el seguro vitalicio del apátrida
que me conduce hasta
mi cielo de color carmín de todo a euro,
donde
no
espero
encontrarte.
martes, 7 de septiembre de 2010
Ese frío enero ( décimas)
Cuando muere la esperanza
me sumerjo en un abismo
de lúgubre misticismo
y con certera templanza
recuperar la confianza.
Aquella que sin querer
perdí en un atardecer.
Que un frío día de enero
al resguardo de un bolero
anido dentro del ser.
Que ya nada me motiva
ni ese silencio que antaño
de mi lágrima era paño.
Ese silencio que esquiva
a mi me mantenía viva.
Lo he buscado entre los muros
de capiteles oscuros,
perforando mis sentidos
en mis tímpanos zumbidos
del silencio a la deriva.
En la sonrisa de un niño
una brizna de esperanza
que sostenga la semblanza
de la mirada ese guiño
impregnado de cariño.
Y desprendían la nada
de la orfandad de mi arcada.
Rebusco entre las basuras
donde perdí mis venturas
que ya ni un niño me agrada.
He buscado la esperanza
en las flores del cerezo
que del prado es aderezo.
He defendiendo a ultranza
primavera en su bonanza.
Solo he hallado hojas yertas
entre mis horas inciertas.
Sopor del hedor que emana
de esta tiniebla mundana
entre mis manos desiertas.
Y busco sin encontrar
quién me arrebató la alegría
que por mis venas corría.
Y me vuelvo a recostar
sin abriles encontrar.
Quebrantada el alma mía
del susurro que gemía
arrancándome el aliento
que por no sentir ni siento,
eso que antaño temía.
Vivo cautiva en mis rejas
entre áureos barrotes
henchidos de esos quijotes
que si ver molinos dejas
después no admiten las quejas.
Y esos sepulcros blanqueados
desde mi templo infiltrados
que me venden como a Cristo
beso de judas y listo.
¿Del débil? días contados.
Grito al viento mi lamento
y solo percibo ese eco
adentrándose en el hueco
de mis manos el intento.
Escurriendo ese momento.
Plañideras son las voces
deslizándose veloces
por mi corazón marchito
que el frío enero fortuito
de pena inundaron goces.
me sumerjo en un abismo
de lúgubre misticismo
y con certera templanza
recuperar la confianza.
Aquella que sin querer
perdí en un atardecer.
Que un frío día de enero
al resguardo de un bolero
anido dentro del ser.
Que ya nada me motiva
ni ese silencio que antaño
de mi lágrima era paño.
Ese silencio que esquiva
a mi me mantenía viva.
Lo he buscado entre los muros
de capiteles oscuros,
perforando mis sentidos
en mis tímpanos zumbidos
del silencio a la deriva.
En la sonrisa de un niño
una brizna de esperanza
que sostenga la semblanza
de la mirada ese guiño
impregnado de cariño.
Y desprendían la nada
de la orfandad de mi arcada.
Rebusco entre las basuras
donde perdí mis venturas
que ya ni un niño me agrada.
He buscado la esperanza
en las flores del cerezo
que del prado es aderezo.
He defendiendo a ultranza
primavera en su bonanza.
Solo he hallado hojas yertas
entre mis horas inciertas.
Sopor del hedor que emana
de esta tiniebla mundana
entre mis manos desiertas.
Y busco sin encontrar
quién me arrebató la alegría
que por mis venas corría.
Y me vuelvo a recostar
sin abriles encontrar.
Quebrantada el alma mía
del susurro que gemía
arrancándome el aliento
que por no sentir ni siento,
eso que antaño temía.
Vivo cautiva en mis rejas
entre áureos barrotes
henchidos de esos quijotes
que si ver molinos dejas
después no admiten las quejas.
Y esos sepulcros blanqueados
desde mi templo infiltrados
que me venden como a Cristo
beso de judas y listo.
¿Del débil? días contados.
Grito al viento mi lamento
y solo percibo ese eco
adentrándose en el hueco
de mis manos el intento.
Escurriendo ese momento.
Plañideras son las voces
deslizándose veloces
por mi corazón marchito
que el frío enero fortuito
de pena inundaron goces.
Hablando sola.(décimas)

Converso con el hombre que siempre va conmigo.
Quien habla solo, espera hablar con dios un día.
Antonio Machado.
Y hablando conmigo misma
halle respuesta a cuestiones
¿Por qué serán mis acciones
cual gaviota en marisma
vagando en rudo sofisma?
Muerdo las ruinas ingratas
desteñidas de escarlatas
que atesoro en mis heridas
arrastrando el karma erguidas
de otras vidas, fe de erratas.
Hablando conmigo a solas
callase mi alma ya muda.
Entrevió su faz desnuda
en corolas de amapolas
encubrió sus arrebolas.
Pobre esencia que vagando
sigue sin encontrar cuando
el oprobio cesar
así poder ya expresar
lo mucho que estoy ansiando.
Vivir sin desasosiego
el escarnio del pasado
alzándose depravado.
Cual abocado va el ciego
asiendo brazo en el ruego
de atravesar las esquinas
entre fieras bambalinas.
Así es mi pasado necio
cobrarse quiere el desprecio
de mi alma tras sus cortinas.
Hablo sola mientras pienso
que la esperanza no espera
a pesar que mi alma muera.
El firmamento es inmenso
y hasta Dios esta indefenso
ante tamaña grandeza.
Como por algo se empieza
es mi pretensión que Él hable,
que conmigo sea afable.
No venera más quien reza.
sábado, 4 de septiembre de 2010
Sobre el tablero.

Crédula,
me ceñí la vida en mis vestidos,
en los tumultos de las soledades
y el jubilo de los acordes
que me hablaban de amores
abiertos al amanecer.
Creí,
con la fe de aquel que amarrado a un clavo ardiendo
piensa
que sólo los demás se queman
en las ascuas del desconocimiento.
Mordía la vida y la hacia añicos
en la fiera convicción
de qué aquella donación
que otorgada me había sido
en gracia divina
o en divina gracia
era para degustarla sin mesura
y agradecer por los siglos de los siglos
la benevolencia del dadivoso.
!Pobre necia!
Pereció esta quimera entre mi arrullo
sin apenas deleitarse en las luces
que con su neón ,
olían a savia perfumada
en crepúsculos proscritos.
Cuando dueña del uso de razón
y esclava de los sudores de la frente
comencé a escuchar ese mantra
que se clava en las entrañas
lacerando
hasta lo más hondo de los cimientos
fraguados en los corazones.
“Tienes que ganarte la vida”
En ese momento
todos los sueños
que había tejido en los bolillos de la luna
mutaron en sombras reales de ángulos
a la deriva.
Comprendí que la vida es un burdo juego
de fichas irregulares, y saltos al vacío
de una nada
donde gana el que más trepa
y a mi
nadie me había
enseñado a jugar.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy muy duro para él,
le digo, quédate ahí, no voy
a dejar que nadie
te vea.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero le echo whisky encima y aspiro
humo de cigarrillo
y las putas y los camareros
y los vendedores
nunca saben que
él está
aquí dentro.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy muy duro para él,
le digo,
agáchate, acaso quieres armarme
un desorden?
quieres arruinar
mis obras?
quieres boicotear mis ventas de libros
en Europa?
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy muy astuto, sólo dejo que salga
a veces en la noche
cuando todos duermen.
le digo, sé que estás ahí,
así que no estés triste.
después lo devuelvo,
pero él canta un poquito
ahí dentro, no lo he dejado morir
completamente
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es lo suficientemente lindo
como para hacer llorar
a un hombre, pero yo
no lloro, y
tú?
El pájaro azul (C. Bukowski)
Yo sólo lloro
cuando
mi pájaro azul
me suplica
una libertad
que no le puedo dar.
viernes, 3 de septiembre de 2010

¿Quién copula mi alma
en mis tenebrosas noches
colmando de ilusorios espejismos
la aridez de mi almohada?
Bendigo las horas dormidas
que escupen paraísos entre sabanas
utópicas.
¿Para qué despertar
en la satírica pesadilla
de otra alborada?
Enjuto y despiadado es su semblante
cuando llega
de realidades preñada.
sábado, 28 de agosto de 2010
Lunas enlutadas

Décadas de prófugas historias
besan cada rincón de estas paredes
y en insólito ritual
desprenden en cada poro de cal
lágrimas ,besos sin brújula,
millones de penas
y el don flemático de la perpetua espera.
Y me hablan de añiles días
donde contaba las horas
en el pasillo de una gloria
a punto de fundir la gélida sajadura
de mi obtusa memoria.
Y días, que grises
tañían al compás de una sórdida danza
entre tu petulancia enhiesta
y mi malherido orgullo.
Tres décadas de historia que araño
intentando redimir los restos del naufragio
en este océano insondable
dónde un miserable tritón
devastó
los quebradizos cimientos de un amor
a la diestra de un paraíso
impregnado de putrefactas manzanas.
Y tan sólo, una abrupta sombra
que chinesca preña mis paredes
y como mal presagio
de mí se burla
cual bufón en una corte siniestra.
Es mi sombra...
enseñando sus fauces ajadas.
(Culmen soberano de mis soledades)
Y cuando el ocaso, peina mis pupilas
echo el cerrojo
a un crepúsculo abierto a las evocaciones.
Y quedó a solas tras la puerta de mi pasado
sobre el ventanal con vistas a una nada
que me hablan de lo efímero de los sueños.
Echo el cerrojo
por si en medio de estas enlutadas noches
de lunas sonriendo a mis desdichas,
entrase en mi cuarto un desconocido.
No me hago a la idea
(mi amor de tres décadas.)
de que tú ya te has ido.
jueves, 26 de agosto de 2010
Descuidos.

Esta penumbra
de código indescifrable
advierte de la acampada de otro ocaso
en las raíces de mi cama.
Ha caído otra noche de bruces
como un sol descabellado
sobre el asfalto enmohecido.
Y de nuevo,
he olvidado
que debería dejar
una huella de sutil coherencia
entre lo deseable
y lo tangible
en las suelas de mis zapatos.
Y asciendo a la cúspide del sueño
con la boca llena de agónicas promesas
las manos vacías
y la mente maniatada por la tiniebla
de esos espectros
que se nutren de mis descuidos.
lunes, 23 de agosto de 2010

Cuando no queda nada que perder
la noche
humedece las luces vespertinas.
Ánimas enjuagando lágrimas;suspiros sin soles
encaramados a nucas yertas.
Y se juega
en el borde del espanto,
a vender almas
a los mercaderes del sometimiento.
Cuando no queda nada que perder
se diluye el miedo a la muerte
entre la solemnidad del miedo a la vida
engullendo diáfanas horas
y se vive muriendo.
Tras una bambalina desgarrada
serpentea el hostil aplauso de la desidia.
Y en la ruleta rusa de la existencia
tan sólo queda una bala
para desollar el desgarro
que abriga la palabra
perdedor.
jueves, 19 de agosto de 2010
domingo, 15 de agosto de 2010
Aguijones.
Aguijones.
viernes, 13 de agosto de 2010
jueves, 5 de agosto de 2010
lunes, 2 de agosto de 2010
Etérea.

Mysterium Magnum( a Sara).
Tu recuerdo se abstrae en lo etéreo
diseminando
aromas de una casa que en ruinas
acoge los deshechos del último adiós.
Semilla de un Edén repoblado
de ángeles caídos
son tus pupilas.
En tu boca anida el albar de lo incorpóreo,
del génesis
y la consumación del indómito instante
en una ambigua perpetuidad.
Perteneces al viento, y al fuego que abrasa
el discernimiento
de los registros akasicos.
Desciendes a un averno estrellado
para cargar tu cruz de recuerdos
y retornar al crisol de la oscuridad.
!Cuánta muerte en el alma
arrullas!
Tu recuerdo
es incólume nácar de un infinito alado
cuándo te vas,
o roído yunque de muerte
dónde se maquilla el ocaso
cuándo tú estás.
sábado, 17 de julio de 2010
GROENLANDIA PRESENTA LOS RINCONES MÁS OSCUROS: ANTOLOGÍA DEL MIEDO
Participan con sus poemas:
Javier Das, Vanessa Salgado Marcote, Ángel González González, Cristina Morano, Dagmar Buchholz, Javier Pascual, Andrés Ramón Pérez Blanco, Mar López Herrero, Mikel Caverna, Nohemí Sosa Reyna, Pilar Gorricho del Castillo, Pepe Pereza, Esteban Gutiérrez Gómez, Gsús Bonilla, Gorka Martínez Peña, Mario Crespo y David González.
jueves, 8 de julio de 2010
Girasoles de asfalto.

La esperanza es el sueño del hombre despierto.
Aristóteles
Girasoles de asfalto.
A menudo pinto flores
mancilladas en cemento
en mi desvalido intento
de abarrotar de colores
la ciudad y sus hedores.
Y perfumo las farolas
girasoles sin corolas,
de lavanda y azahares
que acompañan mis andares
en piruetas y cabriolas.
A menudo pinto besos
desvaídos entrecejos
de esas fauces sin pellejos
que rezuman los abscesos
de ambiciones y sus pesos.
Mis besos son de corinto
en asfalto variopinto.
Dejo vestigio de aquella
calle que preñó huella
en latido del instinto.
A menudo pinto trenes
con grafitos renegridos
en baladas sin sonidos.
Obturándome las sienes
invitan a sus andenes.
En estaciones montando
que detienen sólo cuando,
revisores sin miradas
recaudan horas hastiadas
de su manga un as sacando.
A menudo me sostengo
en el borde de un tejado
que al raseo me ha instado.
En cuclillas me mantengo
sin saber si voy o vengo.
Cincelo estíos en tejas
de amapolas en madejas.
Enredadas en mi pelo
de tuberías riachuelo
regando uralitas viejas.
A menudo peino versos
intuyendo los delfines
al compás de los clarines
danzar en la fuente inmersos.
De parques sus universos.
Y vislumbro una sirena
que varada en una antena
susurra a los caminantes
deambulando ignorantes
a mis delirios ajena.
A menudo tengo un sueño
que mi mundo me desmonta
con la saña de su impronta.
Y frunciendo voy el ceño
a ese espacio tan pequeño
de pavimento dormido.
Penetro sin hacer ruido,
si despierta mi quimera
quizás sea la primera
que se fugue de este nido.
sábado, 3 de julio de 2010
Subasta por internet.
Subasta pública por Internet del último libro de poemas de David Gonzaléz. No hay tiempo para libros (Nadie a salvo):
Animaros,es una obra de arte que bien merece estar en vuestra biblioteca.
Es un libro que contiene 51 poemas con determinadas innovaciones formales o gramaticales, por lo que no puedo colgar ningún poema a modo de ejemplo. Sí puedo decir que entre los 51 poemas hay fotografías intercaladas de Alejandro Zapico, Teodoro Hernando Acero, Juan Tizón, Julia Velázquez y David Brunner, más 3 ilustraciones de Harold, un artista que vende por la calle a cambio de la voluntad sus dibujos. Cuenta con un prólogo de Ainhoa Sáenz de Záitegui. Y con dos apéndices: 2 álbumes de fotografías: 1 con fotos del proceso de reescritura y selección de poemas, y el otro con fotografías en las que salgo con las distintas personas, artistas o no, con las que estuve desde que empecé a escribir el poemario hasta ayer mismo en que lo di por finalizado. La puja se inicia en 600 euros, en concepto de los derechos de autor. La puja se inicia hoy y termina el 29 de septiembre. Pueden pujar tanto editores como particulares. La fotografía de portada es la que va debajo de estas líneas y es obra de Alejandro Zapico. Os ruego que si os parece bien, le deis cancha a esta pública subasta a través de vuestros cuadernos de bitácora. De todos modos he creado un evento en Facebook con esta información. Gracias
Animaros,es una obra de arte que bien merece estar en vuestra biblioteca.
Es un libro que contiene 51 poemas con determinadas innovaciones formales o gramaticales, por lo que no puedo colgar ningún poema a modo de ejemplo. Sí puedo decir que entre los 51 poemas hay fotografías intercaladas de Alejandro Zapico, Teodoro Hernando Acero, Juan Tizón, Julia Velázquez y David Brunner, más 3 ilustraciones de Harold, un artista que vende por la calle a cambio de la voluntad sus dibujos. Cuenta con un prólogo de Ainhoa Sáenz de Záitegui. Y con dos apéndices: 2 álbumes de fotografías: 1 con fotos del proceso de reescritura y selección de poemas, y el otro con fotografías en las que salgo con las distintas personas, artistas o no, con las que estuve desde que empecé a escribir el poemario hasta ayer mismo en que lo di por finalizado. La puja se inicia en 600 euros, en concepto de los derechos de autor. La puja se inicia hoy y termina el 29 de septiembre. Pueden pujar tanto editores como particulares. La fotografía de portada es la que va debajo de estas líneas y es obra de Alejandro Zapico. Os ruego que si os parece bien, le deis cancha a esta pública subasta a través de vuestros cuadernos de bitácora. De todos modos he creado un evento en Facebook con esta información. Gracias
martes, 29 de junio de 2010
Nanas rebozadas.(Microrelato)
La carne rebozada fría no vale nada, musitaba Marcela mientras apilaba platos en el fregadero.
Un portazo, desplazó con saña sus pensamientos al pasillo desde donde
vislumbro el semblante de su hijo Pablo que tambaleándose se acercaba a ella.
-Pablo hijo- estaba preocupada ¡El jaco va a matarte!, ¡la carne está fría!; ¡el jaco va a matarte!
¡Ay mi niño! Todo tiene arreglo, la sofrío y calientas el estomago.
¡Madre! Espetó Pablo con voz renqueante. Sólo deseo dormir, olvidar que la vida me viene grande.
¡Duerme mi niño! Mientras olvidas que vives, yo recuerdo que no has muerto.
domingo, 27 de junio de 2010

Poco sabes tú de mi
a pesar de lamer a cada paso
el aura de mi tristeza
irradiando secretos en el claro oscuro
de mi regazo.
A pesar
de que en el lóbrego matiz
de mi opaca mirada
resuenen
las notas embarradas
en los epitafios de mis soledades.
Y miras con recelo
el titilar de mis labios inquietos
reposando en las cornisas de tus comisuras
los besos del desconcierto.
Incinerados
por agónicas llamas que prenden
esparciendo las cenizas
esas que consagramos
cuando conmigo tú duermes.
Nos miramos de reojo
como se miran las despedidas
para no sentir la pena
de vaciar tantas lunas llenas
en las fauces de un león
que no entiende de primaveras.
Para no sentirnos perdedores
en las cúspides sanguinarias
allá
donde se imponen las medallas
de días labrados en una mansedumbre
que ya a nadie engaña.
Poco sabes tú de mi,
tan solo me concedes el beneplácito
de impregnar tu océano insondable
con el rocío que segrega
gota a gota
el estambre de tu vanidad,
llenando mi vacío
con una cuarta parte de tu verdad
¿Y yo?
Llenando el mío
con estos poemas sin placenta
renaciendo
cuando tú te vas.
miércoles, 9 de junio de 2010
Prevenciones básicas de un escritor para coeditar y autoeditar.
David Mateo.
Vamos a meternos en un tema espinoso, sin hacer proselitismo barato, pero intentando hacer una radiografía real de la situación para que nadie se lleve a engaño. Antes de nada, vaya por delante mi postura: no creo que las empresas que se dedican a la coedición o a la autoedición tengan que estar sometidas al tercer grado. Ni mucho menos. En España existe un amplio sector que ofrece este servicio y que el posible cliente, viendo el producto que se oferta en la web, decide libremente destinar una parte de su presupuesto a publicar su libro desembolsando una cantidad de dinero. Personalmente, yo nunca lo haría. Es decir, mi experiencia en este mercado tan competitivo me dice que si lo que realmente quieres es ganar dinero publicando, lo mejor es que desistas y te dediques a sembrar azafrán, porque esa actividad sí que es lucrativa. La de escribir no. La verdadera notoriedad dentro del mundo de la literatura comienza en el momento en que la editorial apoya con titos de los buenos una campaña publicitaria que avale la salida del libro. Y no estamos hablando de tiradas pequeñas o medianas, sino de grandes tiradas y grandes desembolsos económicos que otorguen al título visibilidad mediática. Todo lo que no pase por ahí, conlleva que el libro adquiera un rol moderado y su autor se ahogue entre la masa de escritores que siembra el panorama literario nacional. Todavía recuerdo las palabras que me dijo Jorge Ruíz Morales, mi primer editor y cabeza visible de la línea Transversal (Equipo Sirius): «Nadie se lucra escribiendo libros, no creas que vas a vivir de esto.» Y fue un comentario muy acertado. Que nadie construya castillos en el aire y, lo más importante, que nadie os los haga ver, porque publicar con el apoyo de una editorial modesta no significa que vuestro libro vaya a triunfar como la Coca-cola, sino que simplemente podréis ver convertida en realidad una ambición que muchos de nosotros hemos barruntado toda la vida.
Por otro lado, si vas a ser tú el que sufrague parte o la totalidad del libro, o eres socio de Villalonga o de las Koplovich —y esa posibilidad te permita aflojar tus buenos miles de euros que posicionen el libro en el mercado— o mejor tómate esa auto/coedición como algo muy de andar por casa, que te permita quitarte el gusanillo de publicar un libro, poder venderlo a los amigos, familiares y vecinos, y poco más.
Vuelvo a recalcar que cuando la editorial oferta este tipo de producto de manera lícita y clara, puede estar realizando una buena labor de servicio social y siempre quedará en las manos del cliente aceptar o no aceptar el presupuesto. Otra cosa son empresas fraudulentas que esconden las verdaderas intenciones del editor o, simplemente, engañan al autor con prácticas amorales. Pero no vamos a entrar en este tema de nuevo, porque en este blog ya se ha denunciado algún que otro caso.
El cliente que se decante por uno de estos servicios, lo primero que debe hacer es informarse y pedir varios presupuestos, incluso no estaría de más que acudiera a una imprenta y viera el precio que se baraja entre los profesionales de la industria para crear el tipo de producto que el autor tiene en mente. Si procedemos de esta manera, obtendremos una idea de los precios que se manejan en el mercado y eso nos ayudará a encontrar la empresa que nos ofrezca un servicio que se ajuste lo más posible a nuestros intereses. A estas alturas, nadie va a comprar tomates a la tienda en donde los venden más caros, sino que acudimos al establecimiento donde mejor pinta tienen y a mejor precio los vamos a obtener. Si con otro tipo de producto actuamos de esa manera… ¿por qué no hacerlo con nuestro futuro libro? Pedir presupuestos no cuesta nada, y la ley de la oferta y de la demanda regulariza el precio de las cosas, por lo tanto, nunca os quedéis con la primera opción.
Antes de seguir adelante tengamos muy claro dos conceptos: la coedición significa que la tirada del libro estará sufragada por la editorial y por una persona física (ya sea el propio autor, una empresa, una facultad, una entidad bancaria o un estamento público), la autoedición conlleva que el autor corra con todos los gastos. Es más fácil obtener financiación pública cuando perteneces a una pequeña localidad —en donde los ayuntamientos suelen «mimar» este tipo de iniciativas—, que cuando vives en una gran ciudad, donde chocas con la burocracia administrativa, existen otros doscientos cincuenta autores en la misma situación que tú y la concejalía de cultura va a pasar de ti olímpicamente (a no ser que seas alguien verdaderamente notorio, pero en ese caso seguro que no estarías perdiendo el tiempo leyendo estas líneas).
La co/autoedición ofrece aditivos presupuestarios a tener en cuenta, pero vayamos con pies de plomo a la hora de contemplarlos.
—Si vas a coeditar, significa que la editorial apuesta por tu libro y va a desembolsar una cantidad de dinero. Por supuesto, el presupuesto debe ser inferior al de una autoedición, y en el contrato debería venir explícitas la parte que corre a cargo de la editorial y la parte que asume el autor. Que no os den gato por liebre, es decir, tened siempre presente los precios que se barajan en el mercado y que la coedición sea verdaderamente una coedición y no una autoedición encubierta. Para eso lo más fácil es acudir a una imprenta con las características del libro en la mente, obtener un presupuesto y sumarle un cánon porcentual lógico que añadirá la editorial que hace de intermediaria entre el autor y la imprenta. A ese precio habría que sumar los costes de maquetación y el precio de la portada, siempre y cuando corran a cuenta de la editorial.
—Una forma sencilla para saber si la coedición es lícita es indagar sobre la identidad del propio libro. Es decir, si la editorial pone pasta de su bolsillo es porque verdaderamente le interesa la novela y por lo tanto debe de haberla leído de manera concienzuda. Normalmente, cuando se va a coeditar, la editorial adjunta un análisis de lectura de la obra. Jamás os conforméis con un informe superficial. Que el editor os hable de vuestra obra en profundidad, que demuestre que la ha leído y se toma la coedición en serio. Huid de comparaciones imposibles, es decir, si sois los nuevos Tolkien, King o Pratcher, ya estarías publicando sin tener que pagar. Que los informes de lectura sean serios y, sobre todo, profundos. Que el editor demuestre un verdadero conocimiento de vuestra obra; todo lo que no pase por ahí cogedlo con pinzas.
—En todo momento debéis tener presente que vais a poner dinero sobre la mesa, que vais a sufragar la obra, así que el que paga manda. Que el libro adquiera la presencia que vosotros tenéis en mente, sobre todo si es una autoedición, y no la que el editor quiera.
—Las empresas de auto/coedición pueden ofrecer una serie de servicios que aumentará el coste del libro. Uno de los más interesantes es el de la corrección. Pero ojo, la corrección de estilo y gramatical se paga… y se paga muy bien. Hasta el punto que las editoriales al uso más modestas no pueden afrontarlas. Si vas a pagar por un servicio de corrección, muy al loro con las galeradas, muy al loro de quién hace la corrección y, sobre todo, muy al loro del producto final. Más vale salir al mercado con vuestras erratas, que dar con un listillo que os cambie cuatro palabras válidas por cuatro sinónimos equivalentes porque a su modo de ver «suena mejor la frase». Los verdaderos correctores son perros de presa que están al loro del más mínimo error y profundizan en la sintaxis de la obra, y ese servicio es muy caro.
—Si la empresa que os coedita pone a vuestro alcance un servicio de distribución, cobrará por esa faena. A estas alturas ya sabemos cómo se las gastan las distribuidoras, creo que hemos hablado y debatido mucho sobre el tema. Si las editoriales convencionales naufragan en la distribución de sus propios libros… ¿qué os hace pensar que las empresas de auto/coedición no vayan a sufrir el mismo destino? Obviamente, nadie tiene la varita mágica para solucionar el tema de la distribución, así que muy al loro a la hora de invertir el dinero en esa labor. Si pagáis por distribuir, que en el contrato aparezca una cláusula muy clarita que así lo especifique y que exista una garantía real por parte del editor de que el libro vaya a estar en la estantería de la tienda y no se limite a un simple catálogo comercial. No despilfarréis el dinero porque sí, en este tema hay que andar con pies de plomo. Obtened títulos publicados por la editorial de coedición, tomaros vuestro tiempo en ir a grandes almacenes y librerías para buscar esos títulos, hablad con los libreros, con los dependientes de las grandes cadenas comerciales, realizad rastreos a través de la web, acudid a foros literarios, revisad catálogos, en definitiva, no os quedéis con la palabra del editor y bucead en la realidad del mercado.
—Las editoriales suelen ofertar presentaciones y convocatorias de los medios de comunicación. Una vez más, andad con cuidado. Montar una presentación es tan fácil como ir a una librería importante y hablar con el responsable. Es un servicio nimio y difuso. Y desde luego, no traguéis con lo de la convocatoria de medios. Si vivís en un pequeño municipio, no tendréis demasiados problemas para convocar a la prensa, si vivís en una gran ciudad, la cosa cambia radicalmente. En las metrópolis como Madrid, Barcelona o Valencia existen empresas intermediarias entre la editorial y los medios de comunicación que se dedican a hacer esa labor. Es más, las propias editoriales convencionales no tienen ese poder de convocatoria y no tienen más remedio que acudir a estos intermediarios que conocen perfectamente la idiosincrasia de una clase social tan peculiar y extraña como la prensa. En la actualidad, las presentaciones de libros a los medios de comunicación suelen realizarse a nivel privado en hoteles y salas de convenciones, nunca de cara al público, de esa manera se establece una confidencialidad entre el autor y el periodista que difícilmente va a existir en una presentación multitudinaria. En resumen, no es lo mismo convocar a los medios, que los medios acudan a la presentación. Si pagáis por este servicio, introducid otra cláusula en el contrato en la que la editorial garantice la asistencia de medios, no la convocatoria. Como decía mi abuelo, ojito con los políticos, los abogados y los periodistas, pertenecen a las razas más extrañas de la Tierra.
Si tenemos todos estos aspectos en cuenta, probablemente amorticemos parte del dinero invertido, aunque mi consejo (y el de muchos editores amigos que se dedican a la autoedición y a la coedición) es que nunca invirtáis grandes sumas porque difícilmente esos libros van a romper la barrera mediática de la notoriedad. La autoedición suele estar reservada a complacer una necesidad personal de ver nuestra obra hecha realidad, y la coedición se reserva a gente notoria que ha escrito sus ensayos y sus tesis doctorales y, por una razón u otra, necesitan la financiación de una universidad o de una administración pública, pero que tienen garantizado un buen lecho de lectores.
Que no os vendan duros por cuatro pesetas, el mercado literario es complicadísimo y supercompetitivo en el que las propias editoriales naufragan una y otra vez. El escritor profesional se mantiene incólume porque aporta trabajo y no capital. Si vais a autoeditar, tened muy en cuenta que vosotros correréis ese riesgo y podéis sufrir un destino semejante al que corren otras editoriales con mayor experiencia y más amplia trayectoria. A la larga, el que paga por editar y cree que de esa manera se labrará una carrera literaria, acaba atragantándose. Tened la mente muy fría a la hora de invertir dinero y jamás perdáis la cabeza en pos de una quimera inalcanzable. Dicho todo esto, en vuestras manos está la posibilidad de autoeditar y coeditar, en la industria existen muy buenos profesionales que os aconsejarán y os ayudarán a elegir el formato más adecuado para vuestra obra. La última decisión siempre quedará en vuestras manos.
Publicado originalmente en La Sombra de Grumm
David Mateo.
Vamos a meternos en un tema espinoso, sin hacer proselitismo barato, pero intentando hacer una radiografía real de la situación para que nadie se lleve a engaño. Antes de nada, vaya por delante mi postura: no creo que las empresas que se dedican a la coedición o a la autoedición tengan que estar sometidas al tercer grado. Ni mucho menos. En España existe un amplio sector que ofrece este servicio y que el posible cliente, viendo el producto que se oferta en la web, decide libremente destinar una parte de su presupuesto a publicar su libro desembolsando una cantidad de dinero. Personalmente, yo nunca lo haría. Es decir, mi experiencia en este mercado tan competitivo me dice que si lo que realmente quieres es ganar dinero publicando, lo mejor es que desistas y te dediques a sembrar azafrán, porque esa actividad sí que es lucrativa. La de escribir no. La verdadera notoriedad dentro del mundo de la literatura comienza en el momento en que la editorial apoya con titos de los buenos una campaña publicitaria que avale la salida del libro. Y no estamos hablando de tiradas pequeñas o medianas, sino de grandes tiradas y grandes desembolsos económicos que otorguen al título visibilidad mediática. Todo lo que no pase por ahí, conlleva que el libro adquiera un rol moderado y su autor se ahogue entre la masa de escritores que siembra el panorama literario nacional. Todavía recuerdo las palabras que me dijo Jorge Ruíz Morales, mi primer editor y cabeza visible de la línea Transversal (Equipo Sirius): «Nadie se lucra escribiendo libros, no creas que vas a vivir de esto.» Y fue un comentario muy acertado. Que nadie construya castillos en el aire y, lo más importante, que nadie os los haga ver, porque publicar con el apoyo de una editorial modesta no significa que vuestro libro vaya a triunfar como la Coca-cola, sino que simplemente podréis ver convertida en realidad una ambición que muchos de nosotros hemos barruntado toda la vida.
Por otro lado, si vas a ser tú el que sufrague parte o la totalidad del libro, o eres socio de Villalonga o de las Koplovich —y esa posibilidad te permita aflojar tus buenos miles de euros que posicionen el libro en el mercado— o mejor tómate esa auto/coedición como algo muy de andar por casa, que te permita quitarte el gusanillo de publicar un libro, poder venderlo a los amigos, familiares y vecinos, y poco más.
Vuelvo a recalcar que cuando la editorial oferta este tipo de producto de manera lícita y clara, puede estar realizando una buena labor de servicio social y siempre quedará en las manos del cliente aceptar o no aceptar el presupuesto. Otra cosa son empresas fraudulentas que esconden las verdaderas intenciones del editor o, simplemente, engañan al autor con prácticas amorales. Pero no vamos a entrar en este tema de nuevo, porque en este blog ya se ha denunciado algún que otro caso.
El cliente que se decante por uno de estos servicios, lo primero que debe hacer es informarse y pedir varios presupuestos, incluso no estaría de más que acudiera a una imprenta y viera el precio que se baraja entre los profesionales de la industria para crear el tipo de producto que el autor tiene en mente. Si procedemos de esta manera, obtendremos una idea de los precios que se manejan en el mercado y eso nos ayudará a encontrar la empresa que nos ofrezca un servicio que se ajuste lo más posible a nuestros intereses. A estas alturas, nadie va a comprar tomates a la tienda en donde los venden más caros, sino que acudimos al establecimiento donde mejor pinta tienen y a mejor precio los vamos a obtener. Si con otro tipo de producto actuamos de esa manera… ¿por qué no hacerlo con nuestro futuro libro? Pedir presupuestos no cuesta nada, y la ley de la oferta y de la demanda regulariza el precio de las cosas, por lo tanto, nunca os quedéis con la primera opción.
Antes de seguir adelante tengamos muy claro dos conceptos: la coedición significa que la tirada del libro estará sufragada por la editorial y por una persona física (ya sea el propio autor, una empresa, una facultad, una entidad bancaria o un estamento público), la autoedición conlleva que el autor corra con todos los gastos. Es más fácil obtener financiación pública cuando perteneces a una pequeña localidad —en donde los ayuntamientos suelen «mimar» este tipo de iniciativas—, que cuando vives en una gran ciudad, donde chocas con la burocracia administrativa, existen otros doscientos cincuenta autores en la misma situación que tú y la concejalía de cultura va a pasar de ti olímpicamente (a no ser que seas alguien verdaderamente notorio, pero en ese caso seguro que no estarías perdiendo el tiempo leyendo estas líneas).
La co/autoedición ofrece aditivos presupuestarios a tener en cuenta, pero vayamos con pies de plomo a la hora de contemplarlos.
—Si vas a coeditar, significa que la editorial apuesta por tu libro y va a desembolsar una cantidad de dinero. Por supuesto, el presupuesto debe ser inferior al de una autoedición, y en el contrato debería venir explícitas la parte que corre a cargo de la editorial y la parte que asume el autor. Que no os den gato por liebre, es decir, tened siempre presente los precios que se barajan en el mercado y que la coedición sea verdaderamente una coedición y no una autoedición encubierta. Para eso lo más fácil es acudir a una imprenta con las características del libro en la mente, obtener un presupuesto y sumarle un cánon porcentual lógico que añadirá la editorial que hace de intermediaria entre el autor y la imprenta. A ese precio habría que sumar los costes de maquetación y el precio de la portada, siempre y cuando corran a cuenta de la editorial.
—Una forma sencilla para saber si la coedición es lícita es indagar sobre la identidad del propio libro. Es decir, si la editorial pone pasta de su bolsillo es porque verdaderamente le interesa la novela y por lo tanto debe de haberla leído de manera concienzuda. Normalmente, cuando se va a coeditar, la editorial adjunta un análisis de lectura de la obra. Jamás os conforméis con un informe superficial. Que el editor os hable de vuestra obra en profundidad, que demuestre que la ha leído y se toma la coedición en serio. Huid de comparaciones imposibles, es decir, si sois los nuevos Tolkien, King o Pratcher, ya estarías publicando sin tener que pagar. Que los informes de lectura sean serios y, sobre todo, profundos. Que el editor demuestre un verdadero conocimiento de vuestra obra; todo lo que no pase por ahí cogedlo con pinzas.
—En todo momento debéis tener presente que vais a poner dinero sobre la mesa, que vais a sufragar la obra, así que el que paga manda. Que el libro adquiera la presencia que vosotros tenéis en mente, sobre todo si es una autoedición, y no la que el editor quiera.
—Las empresas de auto/coedición pueden ofrecer una serie de servicios que aumentará el coste del libro. Uno de los más interesantes es el de la corrección. Pero ojo, la corrección de estilo y gramatical se paga… y se paga muy bien. Hasta el punto que las editoriales al uso más modestas no pueden afrontarlas. Si vas a pagar por un servicio de corrección, muy al loro con las galeradas, muy al loro de quién hace la corrección y, sobre todo, muy al loro del producto final. Más vale salir al mercado con vuestras erratas, que dar con un listillo que os cambie cuatro palabras válidas por cuatro sinónimos equivalentes porque a su modo de ver «suena mejor la frase». Los verdaderos correctores son perros de presa que están al loro del más mínimo error y profundizan en la sintaxis de la obra, y ese servicio es muy caro.
—Si la empresa que os coedita pone a vuestro alcance un servicio de distribución, cobrará por esa faena. A estas alturas ya sabemos cómo se las gastan las distribuidoras, creo que hemos hablado y debatido mucho sobre el tema. Si las editoriales convencionales naufragan en la distribución de sus propios libros… ¿qué os hace pensar que las empresas de auto/coedición no vayan a sufrir el mismo destino? Obviamente, nadie tiene la varita mágica para solucionar el tema de la distribución, así que muy al loro a la hora de invertir el dinero en esa labor. Si pagáis por distribuir, que en el contrato aparezca una cláusula muy clarita que así lo especifique y que exista una garantía real por parte del editor de que el libro vaya a estar en la estantería de la tienda y no se limite a un simple catálogo comercial. No despilfarréis el dinero porque sí, en este tema hay que andar con pies de plomo. Obtened títulos publicados por la editorial de coedición, tomaros vuestro tiempo en ir a grandes almacenes y librerías para buscar esos títulos, hablad con los libreros, con los dependientes de las grandes cadenas comerciales, realizad rastreos a través de la web, acudid a foros literarios, revisad catálogos, en definitiva, no os quedéis con la palabra del editor y bucead en la realidad del mercado.
—Las editoriales suelen ofertar presentaciones y convocatorias de los medios de comunicación. Una vez más, andad con cuidado. Montar una presentación es tan fácil como ir a una librería importante y hablar con el responsable. Es un servicio nimio y difuso. Y desde luego, no traguéis con lo de la convocatoria de medios. Si vivís en un pequeño municipio, no tendréis demasiados problemas para convocar a la prensa, si vivís en una gran ciudad, la cosa cambia radicalmente. En las metrópolis como Madrid, Barcelona o Valencia existen empresas intermediarias entre la editorial y los medios de comunicación que se dedican a hacer esa labor. Es más, las propias editoriales convencionales no tienen ese poder de convocatoria y no tienen más remedio que acudir a estos intermediarios que conocen perfectamente la idiosincrasia de una clase social tan peculiar y extraña como la prensa. En la actualidad, las presentaciones de libros a los medios de comunicación suelen realizarse a nivel privado en hoteles y salas de convenciones, nunca de cara al público, de esa manera se establece una confidencialidad entre el autor y el periodista que difícilmente va a existir en una presentación multitudinaria. En resumen, no es lo mismo convocar a los medios, que los medios acudan a la presentación. Si pagáis por este servicio, introducid otra cláusula en el contrato en la que la editorial garantice la asistencia de medios, no la convocatoria. Como decía mi abuelo, ojito con los políticos, los abogados y los periodistas, pertenecen a las razas más extrañas de la Tierra.
Si tenemos todos estos aspectos en cuenta, probablemente amorticemos parte del dinero invertido, aunque mi consejo (y el de muchos editores amigos que se dedican a la autoedición y a la coedición) es que nunca invirtáis grandes sumas porque difícilmente esos libros van a romper la barrera mediática de la notoriedad. La autoedición suele estar reservada a complacer una necesidad personal de ver nuestra obra hecha realidad, y la coedición se reserva a gente notoria que ha escrito sus ensayos y sus tesis doctorales y, por una razón u otra, necesitan la financiación de una universidad o de una administración pública, pero que tienen garantizado un buen lecho de lectores.
Que no os vendan duros por cuatro pesetas, el mercado literario es complicadísimo y supercompetitivo en el que las propias editoriales naufragan una y otra vez. El escritor profesional se mantiene incólume porque aporta trabajo y no capital. Si vais a autoeditar, tened muy en cuenta que vosotros correréis ese riesgo y podéis sufrir un destino semejante al que corren otras editoriales con mayor experiencia y más amplia trayectoria. A la larga, el que paga por editar y cree que de esa manera se labrará una carrera literaria, acaba atragantándose. Tened la mente muy fría a la hora de invertir dinero y jamás perdáis la cabeza en pos de una quimera inalcanzable. Dicho todo esto, en vuestras manos está la posibilidad de autoeditar y coeditar, en la industria existen muy buenos profesionales que os aconsejarán y os ayudarán a elegir el formato más adecuado para vuestra obra. La última decisión siempre quedará en vuestras manos.
Publicado originalmente en La Sombra de Grumm
Cuatro pasos.

Pálidas y sigilosas son las luces
que apagaron infinitos
con la luna entreverada.
Y en mis manos se ha encendido un fuego de estaño
ruin y mórbido en los alientos desmembrados.
!Si!
¡Sólo soy sombra de pasado.
!Si!
Siempre he tomado caminos equivocados.
Mas aquí sigo...
encendiendo soles sin maquillar
preludio de nuevas horas sin labios
antesala de ocasos despeinados,
en las tormentas solitarias.
Profanando el perjurio de la tiniebla
con arcanas convicciones,
perdidas en las sendas obsoletas
de mi memoria.
Aquí sigo...
Exhumando los restos decapitados
en lo más profundo de
de mis costados sin abrazos.
Y parece que fue ayer
cuando dislocaba los minutos
con la sorda caricia de vivir
sólo por vivir.
miércoles, 2 de junio de 2010
Encargo.

Encargo
Id, canciones mías, al solitario y al insatisfecho,
id también al desquiciado, al esclavo de las convenciones,
llevadles mi desprecio hacia sus opresores.
Id como una ola gigante de agua fría,
llevad mi desprecio por los opresores.
Hablad contra la opresión inconsciente,
hablad contra la tiranía de los que no tienen imaginación,
hablad contra las ataduras,
id a la burguesa que se está muriendo de tedio,
id a las mujeres de los barrios residenciales,
id a las repugnantemente casadas,
id a aquellas cuyo fracaso está oculto,
id a las emparejadas sin fortuna,
id a la esposa comprada,
id a la mujer comprometida.
Id a los que tienen una lujuria exquisita,
id a aquellos cuyos deseos exquisitos son frustrados,
id como una plaga contra el aburrimiento del mundo;
id con vuestro filo contra esto,
reforzad los sutiles cordones,
traed confianza a las algas y tentáculos del alma.
Id de manera amistosa,
id con palabras sinceras.
Ansiad el hallazgo de males nuevos y de un nuevo bien,
oponeos a todas las formas de opresión.
Id a quienes la mediana edad ha engordado,
a los que han perdido el interés.
Id a los adolescentes a quienes les asfixia la familia...
¡Oh, qué asqueroso resulta
ver tres generaciones reunidas bajo un mismo techo!
Es como un árbol viejo con retoños
y con algunas ramas podridas y cayéndose.
Salid y desafiad la opinión,
id contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Id contra todas las clases de manos muertas.
Ezra Pound.
jueves, 27 de mayo de 2010
La prostitución del alma.

Gran escándalo provoca
del cuerpo ese justiprecio
tasado de boca en boca,
inmolando ese desprecio
que talante regio invoca.
Las manos en la cabeza
del púdico condenando
con arrogante firmeza,
a ramera que cobrando
de su cuerpo hace riqueza.
De escarnio tornan objeto
sometidas al dictamen
del prójimo que indiscreto,
a todos los dioses clamen
cuando mueven su esqueleto.
Quebranto serán del casto.
Negando van como judas
ese deshonor nefasto
sembrando las rectas dudas
que de entrepierna son pasto.
¿Y esa porfía del clero
encauzando las ovejas
a rediles con esmero?
Prometen ser candilejas
viendo toros desde albero.
Las féminas recatadas
lamiendo van sus agravios
en hiriente lengua osada.
Mascan alegatos previos
sin llevar asta clavada.
Poner es mejor la venda
antes que herida tener
y echar mano de leyenda
¿Cónyuge sin contener?
mártir que ramera ofenda.
Las entrañas del planeta
cuan hipocresía fecunda.
Quitémonos la careta
antes que el pánico cunda
en el ánimo obsoleta.
Pasamos por esta vida
prostituyendo las almas.
Al mismo diablo es vendida
cuando lamemos las palmas
del jerarca por comida.
Y victimas explotadas
de esta sociedad ya somos.
Con las bocas bien cerradas
moscas no entran ni en asomo.
Enjutas fauces ajadas.
Y recatados jerarcas
van instando desdeñosos
a la meretriz en charca
mientras aguardan ansiosos
el rezumar en sus arcas.
Humillados por su yugo
recontamos los caudales.
Exprimiendo tanto el jugo
que llegando ya a finales
sólo nos queda un mendrugo.
Y aquí termina la historia
del alma furcia yaciendo
en los camastros de escoria.
Nuestra voluntad ciñendo
a la destreza notoria.
Que late del palpitar
de sabernos en la gloria
del cuerpo sin peritar.
Aloja el alma mortuoria
prostitución a habitar.
domingo, 23 de mayo de 2010
no le digas a nadie que he vuelto a tus jardines
escóndeme bajo tu cuello de ángel
en tu pelo de bruma
en tus ojos de marzo
vengo huyendo hasta la piel de tus murallas
la soledad me sigue muy de cerca
ocúltame bajo tu permanente desnudez
en tu mano profunda
en tu llanto perfecto
en tu saliva sabia
preguntan quién ha subvertido este infiel corazón
sé que no me hallarán:
la luz lo ciega todo
GASPAR AGUILERA DÍAZ ( México, 1947 )
miércoles, 12 de mayo de 2010
Vacío.

Se está mejor así.
Se está mejor así
acallando las pausas de la conciencia
con la sal derramada en los vacuos oráculos.
Huérfanos de tus abrazos,
nodrizas amamantando de carroña
las horas de desidia somnolienta.
Se está mejor así,
en este sigilo
presagio de tumbas de suspiros
en las que yace nuestro espíritu.
Cuerpos larvando los tentáculos de la monotonía.
que entre bambalinas
auguran otro adiós congelado.
Se está mejor así
sin esperar nada
para no sentir el puñal
del desengaño atravesando gargantas.
Sin hacer nada
para no sentir
que ardemos en la vigilia de la conmiseración.
Se está mejor así…
Callando, titilando
en esta nada
que ciega el túnel de nuestros pasos
en la avaricia del hastío.
En este lodo
que ve el como se nos va la vida
esperando.
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