Revelando recuerdos.

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miércoles, 16 de diciembre de 2015

La fiesta dudosa

 
 


En los años ochenta,

ser madre soltera

era un estigma,

una oculta desdicha del destino.

Yo, adoraba mi vientre

como un milagro al que ningún

dios ni ningún hombre podía cuestionar.

La fe de la lozanía en algunas ocasiones

se nos hace carne para recordarnos

que multiplicarse es una suma de afectos.

El adorado mayo.

Siempre es en mayo cuando en las aceras

fermentan aromas de tirantes

y hombros con el sol tatuado.

En mayo nació Sara, la princesa.

No fue nada especial,

las caras denotan siempre

aquello que la boca no acierta a decir.

Sus gestos eran de pánico ante " aquel pecado"

que cobraba nombre.

El rechazo es una cuestión de piel

y la mía nadie tocaba por miedo

a que la enfermedad de la vida

pudiese hacerles felices.

Yo estaba exultante con mi hija en brazos.

Aquella preciosa criatura

que intentaba calmar su hambre

en medio del desastre.

Entonces, entró mi abuela

con una alegría casi al fiado

y dos botellas de champan.

Y el ruido del corcho sonó como un bombardeo

al frente enemigo de las apariencias.

Es cierto, se produce en la vejez

una extraña inexperiencia ante lo inútil.

La fantástica sensación de lo verdadero.

Siempre recordaré su rostro de canción.

Mi abuela murió cuando mi hija tenia siete años.

Abuela ¡salud! Y gracias.

Que la tierra te sea leve.

Mi hija murió cuando tenia treinta años.

Hija mía ¡ Salud! Y gracias.

Que la tierra te sea leve.

Estoy completamente segura

que allá dónde estén

son burbujas de celebración,

cantos de protestas

cónclaves de eternas mariposas.

Me interesa creer que se están tomando

una copa de champan en mi honor.

Me interesa para seguir en esta tierra

que para mi es grave.

Brindo con ellas, brindo para ellas,

y esta fiesta que como dijo Biedma
 
iba en serio
 

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Las paredes no leer.




Nunca me has gustado.

Tan abrupta y mediocre

con ese modo de gastarte

aporreando la pared

ante la mínima sospecha

de existencia al otro lado.

Tus somnolientas horas

de rulo y bata,

despellejando los cadáveres

de aquellos que osan la intemperie.

El hecho de ser como tú;

una taxidermista de la alegría

siempre he repudiado.

Con tu marido de gorra y sacramento

de profesión calzonazos,

de sonrisa de cuchillo y matanza.

Hoy,

te he escuchado hablar con él

por esa arteria que nos fusiona

con el esqueleto de nuestras rutinas.

Hablabas,

del dilema de comer la verdura

con o sin pan.

El pan

alimentar lo primordial

de las tripas corazones.

Y he pensado

en mi derrota de filosofía de saldo,

en mi poesía afónica y malherida

mis aforismos, en mis alquimias

contra el espanto,

en estos tejados

donde no crecen flores

que no sean de lapida y expiación.

Y he deseado por un momento

ser como tú.

Ser tú.

y tener una inquietud

que se pueda resolver.